Caperucita Loba

Pues sí, como bien habéis leído, Caperucita Loba caminaba toda prisa, pues su abuelita lo esperaba muerta de risa. Ella llevaba una cosita para su abuelita. Cuando con un niño, un niño que no parecía ser amable, con una ropa impresentable le dijo:
-¿Adonde vas bella lobita?
-A casa de mi abuelita ¿sabrás algún atajo?
-Camina esta calle toda hacia abajo.
Caperucita Loba siguió las indicaciones, porque nadie le advirtió de aquel niño comelobos que se pasa por el pueblo después de haber estado con una pandilla de bobos. Cuando Caperucita Loba entró le dijo lo de:
-Que dientes más pequeños y «limpiados».
-Son para lucirlos.
-Qué pelo tan repeinado.
-No, en realidad está engominado.
-Que hocico más pequeño.
-Para fruncir el ceño.
-Te he traído un solomillo crudo -cuando puso cara de besugo, Caperucita Loba supo que no era su abuelita.

¿Y que comió ella para cenar?

Pues el niño que era fácil de cocinar.


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