Clases a distancia

En un lugar desconocido, tras una espesa y alta maleza, un pueblo, de casas bajas y aplastadas, con los tejados rojos, hechas de piedra. A lo lejos el lo muy muy alto de una montaña, se distinguía un castillo.

Había un hombre sonriente apoyado en el alféizar de la ventana, observando entusiasmado las nubes. A los pies de la torre interminable había cinco niños tumbados bajo la sombra de un árbol.

El hombre de la torre desvió la mirada hacia los niños con una sonrisa de oreja oreja; pero ellos no le devolvieron el saludo, como si fuera invisible.

Creo que es hora de concretar…  aquel hombre era un maestro, salvo porque no tenía nadie que enseñar. Las madres de los niños no dejaban que se acercaran a aquella torre, que creían encantada, pues de ninguna manera parecía encajar en aquel lugar. A él se le ocurrió una idea: ya que su castillo era inmenso y se veía a 100 km o más, decidió empezar sus lecciones desde la torre, así los niños podrían seguir las clases desde sus casas.

Quiso comenzar como un tema fácil: el abecedario. No seáis impacientes, ahora os cuento como lo hizo.

Escribió en cada ladrillo del castillo una letra, de manera que los niños pudieron estudiar desde sus ventanas. Y cada día les enseñaba una cosa nueva. Cómo está en un lugar remoto y de gran altura, las nubes se paraban allí y llovía cada noche, borrando la primera lección y dejando espacio para la siguiente clase.


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