El mar con altura

Nadaban entre las nubes, que estaban inmóviles frente mi ventana, parecían suaves como el algodón de azúcar y los rodeaban pequeños peces de colores. Estos daban vueltas en redondo y atravesaban las nubes desapareciendo en ellas, apoyé mis rodillas con cuidado en el minúsculo espacio que quedaba antes de la valla de hierro y extendí la mano, intenté por todos los medios alcanzar uno de ellos, hasta que al fin lo logré, fue tan solo por unos segundos pero pude experimentarlo como si hubieran pasado horas, no olía mal, no olía a nada, tenía la textura de las pompas, no explotaba pero sí escapaba.

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