El regalo

El regalo

El invierno había llegado sin previo aviso, la nieve se amontonaba en las calles y la ventisca no me dejaba avanzar. Busqué refugio en una tienda. Se escuchaba música clásica, del techo colgaban lámparas con lágrimas de cristal y olía a lavanda. Me sentí fuera de lugar con la vieja bufanda que me había regalado mi madre, para colmo la dependienta examinó con desagrado mis zapatos rotos. Sonreí como un idiota mientras miraba los maniquíes del escaparate. La textura de su cara parecía real, sus ojos destelleaban pidiendo ayuda y su boca medio abierta creaba vaho en los cristales. Temblaba de frío hasta que ella me enfundó el abrigo que nunca tuve.

Ya crecen los tulipanes en el parque y brotan las flores de los cerezos frente a mí. Mi madre se acerca por segunda vez esta semana, pero ya no me mira a los ojos, sólo observa mis zapatos nuevos. Con un largo suspiro se aleja mientras que una lágrima cae por mi mejilla. Quiero gritar su nombre, pero de mis labios sólo sale un soplo que se concentra en el cristal esperando a que alguien escriba «lo siento».


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