La aurora y la bestia

La aurora dormía plácidamente cuando una bestia se acercó ferozmente.

-Despierta princesa, no quiero cuentos, levanta.
-¿Cómo que levanta ? Tienes que besarme con delicadeza
-Que me corten la cabeza, lo siento, nada de historias, te quiero ver en mi plato.
-Pero yo tengo que esperar a que un príncipe venga a mi cuarto…
-Oye, oye para el carro, yo no vengo a ser el héroe vengo a ser el malo.
-El malo no besa a la princesa.
-No te voy a besar, ni voy a bailar contigo una danza inglesa.

Entró un príncipe por la puerta montado a caballo, le clavó la espada logro.

-Por fin -dijo la aurora mirando al techo -venga, démonos un beso, y hecho.
-¿Un beso? Tú te vienes conmigo, tengo festín y prometí algo de picoteo.
-A ver, por San Timoteo ¿es que no hay nadie que no tenga la mollera rancia?¡Para esto me pasé en la torre toda mi infancia!

Y sin más que contar se levanta con cuidado y le da un zapatazo al príncipe.

-Estarás mejor decapitado -y con destreza le cortó la cabeza.
-Me voy -dijo después lanzándose por la ventana.

Pero no se dio cuenta de que no podía volar, pues siempre había vivido en un cuento de hadas.

Aquí no todo es mágico, así que este cuento termina con un final trágico.


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