Nunca demasiado lejos

Lo enfoco bien y poco a poco me acerco, sigue viéndose borroso, así que me alejo un poco. Y ahí lo ví, era un perro, con bombín y un traje de empresario, hasta llevaba corbata, sin embargo mostraba las patas desnudas.

Era marrón, tenía varias manchas, una de ellas en su ojo derecho, otra en la cola, la última en el cuello.

Reposaba de pie junto a la carretera, apoyado en una valla; leía con atención una novela de crímenes.

Pasó un coche y bajo el humo el perro desapareció. 

Se fue apagando la luz de la única farola que iluminaba el lugar y todo se sumergió en una tenue niebla.


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