¿Quién se comerá el queso?

Ayer, después de que mi madre hiciera una breve pausa y saliera de la cocina, entré yo. Cogí un trozo de queso manchego de la despensa y lo escondí en la nevera, detrás del brócoli que está claro que lleva ahí siglos, un día se compró y ahora nadie lo coge, ni lo mira… es el sitio perfecto.

Ya es de noche y mis padres no pueden enterarse de que bajo a picar algo. Pero resulta que el ratón se está comiendo mi queso.
¡Es increíble que haya podido abrir la nevera! ¡Pero lo más asombroso es que se haya podido acercar al brócoli! Y encima se está comiendo mi queso.

Llamaré a mi hermano que es muy rápido y podrá capturarlo y echarlo de aquí… pero duerme como un tronco.

-¡Alfredo! ¡Despierta ya, te necesito!¡Un ratón se está comiendo mi queso!

-Ahora no, ¡déjame! – contesta con muy malas pulgas.

-¡Pero tiene mi queso! ¡Mi queso!

-¿¡Pero quién!?

-Pues el ratón. Tienes que atraparlo porque tú corres muy rápido. ¡Demuéstrame por qué has ganado todos esos trofeos!

Un minuto después…

¡¡¡¡¡PUM, PAM, BOOM, POM!!!!!

El ratón ganó la batalla. El queso es suyo.

Mira que les pedí a mis padres un gato para casos como éste.

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Este cuento que escribí hace años ganó afortunadamente el segundo premio en un concurso infantil de relatos en Nueva de Llanes, Asturias, y por mala suerte no pude ir a recogerlo en persona, pero para algo está la familia.

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