La realidad

La forma en la que se le enredaba su serpenteante pelo, te hacía pensar que no era un hombre muy cuidadoso.

La manera en que miraba a la gente que lo rodeaba, era señal de que no podía hacer nada bueno en aquella sala.

Sus manos parecían haber sido agujereadas con precisión.

Y su cara presentaba cierta desesperación que mantuvo el interés despierto hacia él.

Y cuando se despertó, el niño podría pensar que sólo había sido un sueño, pero prefería recordarlo como una realidad subjetiva.


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