La tetera

Podría empezar así: “ Érase una vez en un pueblo de chozas idénticas de tejados blancos…”.

Pero no, esto no me gustó, arrugé el papel y lo tiré a la basura.  Entonces empecé así:

Posó la tetera tan bruscamente, que la mesa se tambaleó sobre su única pata. Tirando las tacitas al suelo polvoriento, incluyendo el árbol de navidad con solo una luz. Cayó sobre todos los fragmentos de tacitas y la luz se fundió.

El niño se arrodilló sobre los cristales sin mostrar dolor alguno, hasta que ¡Ay! Lo que se había clavado era la pequeña estrella puntiaguda, que después de desprenderse del árbol rodó hasta los cristales.

Agarró el árbol y la estrella, los unió, los volvió a colocar en la mesa.
Y pensó “ Cuando venga la señora se va a armar buena…”

La puerta chirrió y se escondió detrás del perchero, como si aquel fuera un buen escondite. Los tacones resonaron y el olor a rosas se expandió por la sala. La señora había entrado y miró hacia ambos lados. Se giró hacia él, aún sin hablar.

Sus ojos centelleaban bajo la tenue luz de la cocina. Se quitó el el zapato e hizo el amago de lanzárselo y …

No si esto tampoco me gusta, lo arrugé también y terminó en la papelera.

En resumen, que nunca escribiré un cuento de navidad.


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